Un genio que se nos va

El genio arriesgado e innovador (y por eso discutido y criticado) del flamenco, Enrique Morente, ya no está entre nosotros. Sigue su voz rota a jirones de noche, pues esa no hay quien nos la saque de las entrañas. Los versos de García Lorca o Miguel Hernández adquirían otra dimensión por entre sus cuerdas vocales, los paría en público sin dejarse nada, poniéndole la vida que en ese mismo instante estaba creando.

Más de 50 años renovando el cante clásico, dándole la vuelta, porque se aburría cuando repetía los temas, porque se lo pedía el cuerpo, porque le daba la gana. Eso lo llevó a ser tan ladrado entre la cúpula flamenca más tradicional, como admirado ahora, cuando lo había demostrado todo, cuando había abierto nuevas venas en un cuerpo momificado de clausura. "El arte es universal, para todos", sentenció.

Nació en la posguerra granadina en el seno de una familia paya, para engañar a la miseria tuvo que dedicarse a lo que encartaba. Muy jovencito se trasladó a Madrid con 2 sueños, ser cantaor o torero. Pero como decía Gila, los toros no le daban miedo sino su velocidad. Y desde muy joven muchos ya vieron en él a uno de los elegidos. Eso siempre trae enemigos, lo nuevo da cornadas.

Fue adquiriendo conciencia política en la España del franquismo y se le consideró un artista rojo. Él se tapó con las letras de toda una tradición de poetas patrios que parecía que habían escrito inspirados por su voz. Nunca la poesía en español ha tenido un embajador mas profundo.

Hace sólo unos días nos dejó. Estamos en deuda contigo, Torero.

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1 comentario

Un gran tipo, un gran artista...

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